lunes, 24 de abril de 2017


LA SOMBRA DEL VIENTO” de Carlos Ruiz Zafón.

                  Por: Domingo Nofuentes Hernández.


He de confesar que como norma general, suelo evitar las relecturas, excepto con contadas excepciones. Lo que sí se me ha hecho costumbre es releer cada cierto tiempo algunas obras clásicas, o algunas otras que yo considero fundamentales. Ya sé que a menudo releer una obra te puede permitir descubrir otros matices que en su momento pudieron pasar desapercibidos al lector, pero en otras muchas ocasiones, volver a enfrentarse a una lectura que se leyó con entusiasmo a los veinte años puede resultar decepcionante, bien porque con la edad nos volvemos más resabiados, bien porque algunos textos no aguantan decorosamente el paso del tiempo. Por dicha razón, principalmente, es por la que prefiero guardar de algunos libros un buen recuerdo difuso, como se guarda de ciertos amigos.
De ahí que cuando se propuso en EL CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado “Adolfo Suarez”, abordar la lectura de “LA SOMBRA DEL VIENTO” (Ed. Planeta, 2001) de Carlos Ruiz Zafón, despertara en mí ciertos sentimientos contradictorios, ya que leí la novela hace algunos años, coincidiendo con su publicación e influenciado por la gran popularidad que adquirió entre los lectores gracias al boca-oreja, y me dejó cierto regusto insulso.
Para aquellos que desconozcan la obra solo mencionar que fue el primer éxito de Juan Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 25 de septiembre de 1964) , que ganó varios premios a nivel mundial (Premio Fundación José Manuel Lara, Prix de Sait Emilion en Francia, Gumshoe Award en Estados Unidos, Premio de los Lectores en Holanda, …) y se convirtió al poco tiempo en uno de los libros más vendidos y traducidos de todo el mundo. Fue el punto de partida de una serie al que le seguirían otras tres novelas mas: El juego del ángel (2008), El prisionero del cielo (2011) y El Laberinto de los Espíritus (2016)..
A modo de somero resumen podemos referir que el relato está ambientado en una lúgubre Barcelona de posguerra en la que nos topamos con un muchacho, Daniel Sempere, el narrador-protagonista, huérfano de madre y al que su padre conduce una mañana del año 1945 a un misterioso lugar oculto en pleno corazón de la ciudad; el cementerio de los libros olvidados. Allí Daniel encuentra un libro que cambiará el rumbo de su vida, la obra titulada como “La sombra del viento” y escrita por un escritor desconocido y enigmático llamado Julián Carax. La novela y el autor pronto acaparan toda la atención de Daniel, que se lanza a indagar sobre sus orígenes. Todo ello lo conducirá a toparse con personajes sorprendentes, extravagantes y perversos, entrando así en una espiral de peripecias, intrigas y secretos que lo llevan a deshilar la historia poco a poco a lo largo de sus más de quinientas páginas.
Como suele ocurrir indefectiblemente entre los miembros del Club de Lectura, en la reunión encontramos tantas opiniones y tan dispares que avivaron desde el principio la conversación y el debate, eso sí, argumentando convenientemente cada uno de nosotros nuestras apreciaciones. Mientras que para algunos de nosotros no es sino una novela del montón (entono el mea culpa), con un estilo que a menudo se torna inverosímil e impostado, a los que les parece inexplicable que haya tenido tanto éxito de ventas, achacándolo sin duda a cuestiones “extraliterarias” y que muy probablemente tienen más que ver con el marketing que con sus dotes prosísticas, para otros, por el contrario, se trata de una magnifica obra entroncada con la mejor novela decimonónica de ecos costumbristas a la manera de Dickens o Galdós, repleta de poéticas descripciones , de profundas reflexiones y de frases dignas de ser subrayadas, que trata grandes temas como la amistad, el poder o el amor.
En lo que la mayoría sí nos mostramos de acuerdo, más allá del gusto literario de cada cual, fue en que en cierto sentido se trata de una novela de novelas, es decir, congrega en sus páginas multitud de géneros y códigos narrativos diferentes, es, cogiendo prestadas las palabras del propio narrador “[…] una de esas muñecas rusas que contiene innumerables miniaturas en su interior” (pag.19).
En efecto, y a poco que nos asomemos a su lectura, podemos detectar diferentes géneros que se entremezclan sin orden aparente, con ecos de la novela policiaca, la novela filosófica, la tragedia clásica, novela histórica, etc. El autor, a través de un eje genérico vertebrador con tintes de novela folletinesca ( con personajes maniqueos, lances exagerados, historias inverosímiles…) , y gótica (ambientes tenebrosos y oscuros con elementos sobrenaturales y personajes misteriosos) nos adentra en una estructura laberíntica, que además está repleta de digresiones en las que se agolpan multitud de recuerdos, reflexiones y anécdotas, que nos conduce a través de la acción. Es, asimismo, una novela de gran ritmo, entretenida, bastante bien escrita, y con una trama urdida de forma inmejorable a través de una excelente técnica literaria, que en ciertos pasajes nos hace evocar fórmulas cinematográficas (debido, sin duda, a la labor de escritor de guiones que ha estado desempeñando el autor durante tantos años en Los Ángeles). Otro gran acierto de la novela se encuentra en sus personajes secundarios, que son los que verdaderamente resultan más interesantes al lector, y sobre todo el personaje de Fermín, el atolondrado amigo de Daniel, vagabundo estrafalario y de buen corazón que a pesar de ser el más disparatado y sobreactuado de todos los personajes de la novela, es a través del cual salen a relucir los pensamientos más profundos y las verdades más universales ( y que nos recuerda en ocasiones vivamente al protagonista de “El misterio de la Cripta Embrujada” de Eduardo Mendoza). Pero quizás la clave para poder acercarnos a la técnica narrativa de Carlos Ruiz Zafón y entenderla en su medida, nos la brindó nuestro compañero Ilias, lector entusiasta de este autor, al hacernos reparar en que Ruiz Zafón utiliza en las novelas de esta tetralogía los mismos esquemas y el mismo canon empleado en sus novelas juveniles, llenos de elementos quiméricos y fantásticos, quizás con la velada pretensión de reenganchar a sus antiguos lectores.
Hemos de reconocer, pues, que se trata de una novela entretenida, cuya principal virtud reside en que consigue arrastrar al lector con la fluidez de su prosa y sus diálogos, y conducirlo a través de numerosos misterios, oscuras historias de familia, amores trágicos, venganzas y asesinatos, hacia un final en el que están abocados a converger los protagonistas del relato. Es, pese a todo, una novela de esas que merece la pena tomarla de la estantería y sentarse a leerla (o releerla) sin prisas, con todo sosiego.

viernes, 27 de mayo de 2016

ME LLAMO SULEIMAN” de Antonio Lozano.

Por: Domingo Nofuentes Hernández


Por desgracia, ya a casi nadie le resultan novedosas las imágenes de miles de personas arriesgando sus vidas ( otras muchas perdiéndolas sin remedio), con el único afán de poder pisar tierra europea, convertida de la noche a la mañana en la nueva tierra prometida, y poder así hallar un lugar seguro donde vivir. Los hemos podido ver con todo lujo de imágenes y encuadres televisivos; hombres, mujeres y niños, empujados por la pobreza unos, por la guerra, la opresión y el terror otros, que se encaminan hacia una Europa indolente, atenazada por sus miedos y contradicciones. A pesar de lo doloroso y duro que a menudo suele ser escuchar los testimonios de los afectados, o lo crudo de algunas de esas imágenes, resulta todo ello, a mi modo de ver, ineludible y necesario; nunca deberíamos cansarnos de ver el drama ajeno, porque suele ser el germen de otro gran problema: la indiferencia.
Para vacunarse contra ese desapego malsano resulta una herramienta fundamental la educación, pero una educación en valores, que trate de comprender al otro y que permita poder ponernos en su lugar. Y eso es precisamente lo que consigue el libro que se propuso comentar en el CLUB DE LECTURA, de la Biblioteca Pública del Estado en Ceuta, para nuestra reunión mensual. Se trata de la novela “Me llamo Suleiman” (Anaya, 2014) del escritor, traductor y profesor Antonio Lozano, y que con ocasión de la celebración del Día de África viajó hasta nuestra ciudad , permitiendo así que pudiéramos debatir con él los distintos aspectos de su obra. También pudimos contar en esta reunión del Club, con la presencia de un numeroso grupo de residentes del CETI, alguno de los cuales ofreció sus reflexiones a los allí presentes.
Lozano, como escritor, posee ya una larga trayectoria novelística donde África siempre ha estado muy presente (“Harraga”, “Donde mueren los ríos”, “El caso Sankara”, “Las cenizas de Bagdad”, etc), y quizás se deba a que , según sus propias palabras, se siente una persona de las dos orillas. Nació y vivió en Tánger, estudió Magisterio en Granada y trabajó en Oujda y Nador. Actualmente ejerce como profesor de francés en el Instituto Joaquín Artiles de Agüimes en Canarias.
En “Me llamo Suleiman”, nos narra en primera persona (lo que favorece sin duda que nos identifiquemos con el protagonista), la historia de un adolescente maliense que decide dejar su pueblo de Bandiagara, sus padres y amigos para aventurarse en un penoso viaje a través del desierto del Sahara hasta llegar a la frontera de Melilla. Allí, tras intentar saltar la valla fronteriza, es rechazado y abandonado a su suerte por los marroquíes en medio de la nada, en pleno desierto y en la frontera con Argelia. A punto de morir es rescatado por unos saharaouis, consiguiendo más tarde regresar a su país. En Bamako es acogido por Aminata, una infatigable mujer que tutela una organización que pretende reinsertar a los retornados. Malviviendo gracias a extenuantes trabajos de precaria remuneración, harto de estar rodeado de miseria, de una vida sin expectativas, se lanza de nuevo a tratar de alcanzar su ilusión de viajar a España, pero esta vez por la ruta del mar, embarcado en un cayuco atestado de personas que, al igual que él, van persiguiendo su propio sueño europeo. A través de los ojos del protagonista, somos testigos de los diferentes motivos que ha empujado a cada uno de ellos a emprender ese viaje, unidos en la adversidad entre golpes de mar, a pesar sus diversas creencias, nacionalidades e incluso idiomas. Finalmente, tras una agónica travesía de siete días, llega Suleiman a Canarias. Allí, al ser menor de edad, es hospedado en un Centro de Acogida y asiste a clase en un instituto donde con el tiempo logra hacer amigos e incluso llega a enamorarse de una compañera de clase. Al llegar a la mayoría de edad, la tozuda realidad de nuevo se muestra con toda su crudeza, y de pronto es expulsado del Centro, viéndose forzado a apañárselas como un “sin papeles” más, viviendo en un diminuto piso con otros de su misma condición, hasta que es detenido por la policía y repatriado a Mali.
El autor nos mete de lleno, sin contemplaciones y con una lúcida sencillez, en la piel de ese adolescente africano que ve en la emigración el único modo de dejar atrás la miseria y el hambre que lo rodea. Nos relata con una maestría cargada de crudeza, el aterrador viaje que debe afrontar un inmigrante, en unas condiciones tan penosas que a menudo a muchos les cuesta la vida, hacinados en camiones o en cayucos en medio del mar. Lozano, nos muestra además, con un amargo realismo, que la tragedia personal del inmigrante no acaba cuando llega a Europa, sino que aquí han de seguir luchando por regular su situación, por conseguir unos “papeles” que les permitan no ser expulsados o poder eludir ser perpetuamente condenados al invisible limbo una vida de segunda.
Antonio Lozano, explicó en la reunión que siempre se ha sentido muy concernido por el fenómeno de la inmigración clandestina, y que en un momento determinado sintió la necesidad de escribir esta novela para poner al lector en contacto con el mundo interior del emigrante, y poder atisbar así sus más intimas motivaciones. Ha ese respecto hay que decir que consigue totalmente que el lector pueda meterse en la piel de Suleiman, gracias sobretodo a su sencillo y genial estilo, que a pesar de tratar temas muy duros, logra rehuir los detalles tremendistas, recreando el sufrimiento y dolor humano con una sagaz sutileza que nos permite deslizarnos sobre el drama sin caer en el morbo fácil.
Alguno de los miembros del CLUB DE LECTURA nos interesamos por la elección del final de la novela, ya que éste resulta verdaderamente agrio y desasosegante, revelando el autor que lo que pretendía con ello era redundar en la realidad que quiere mostrarnos, dado que es así como terminan muchos de los casos reales.
A pesar de que esta novela ha sido publicada por Anaya en una colección juvenil, no fue pensada en su origen para los jóvenes, sino que han sido sus importantes virtudes didácticas las que han provocado que sea una obra muy leída y comentada en los institutos. Además de ser una novela muy clara y directa que permite escudriñar los tópicos que existen sobre la inmigración, también podemos encontrar en ella las causas y las consecuencias de ese fenómeno, y sobre todo, lo más importante, que nos invita a que sigamos haciéndonos preguntas sobre “el otro”. Si esas preguntas sirven para generar la reflexión y el debate entre los lectores más jóvenes, tendremos entonces una herramienta fundamental para educar, y luchar contra los estereotipos y las visiones sesgadas que, sobre el tema de la inmigración, a diario nos ofrecen los medios de comunicación. En este sentido didáctico, la novela se complementa a la perfección con la película “14 kilómetros” del director malagueño Gerardo Olivares, que ganó en 2007 la Espiga de Oro en la Semana Internacional de Cine de Valladolid , y la cual tuvimos la oportunidad de ver en la Sala de Usos Múltiples de la Biblioteca, momentos antes de nuestro encuentro literario.
Me llamo Suleiman” es por tanto un libro muy necesario en los tiempos que corren. La literatura, en este caso, nos permite abordar el tema de la inmigración desde una perspectiva concreta, la de ese joven que cruza medio continente en busca de un sueño que, como casi siempre, se torna en quimera, interpelándonos además a que tratemos de solucionar ese mutuo desconocimiento en el que vivimos inmersos. Los europeos siempre hemos vivido de espaldas a África, con un enorme desconocimiento, incluso en el ámbito geográfico, de todo lo que atañe a este continente. En nuestro inconsciente colectivo (en algunos no tan inconsciente…), aun anida las idea del africano como salvaje al que hay que civilizar, y una vez en nuestras ciudades se convierten en seres invisibles, hombres y mujeres a los que difícilmente ponemos rostro. Sólo gracias a obras como ésta, dejan de serlo, ya que gracias a ellas les ponemos nombre, consentimos que nos cuenten sus historias y nos permite verlos como los seres humanos que son.
No cabe duda que la inmigración es uno de los grandes dramas contemporáneos de la humanidad y cuyo remedio no ha de venir de la mano solamente por la asistencia humanitaria, sino que requiere soluciones más estructurales y de fondo en sus países de origen.
Y mientras tanto, Europa no hace otra cosa que mirar hacia otro lado, y amurallarse tras el grito de Ausländer raus¡, para impedir que la fortaleza sea asaltada por oleadas de nuevos bárbaros, enemigos llegados para destruirnos o para vivir a nuestras expensas.
( Ya sabemos que las vallas más difíciles de saltar son siempre las que erige la incomprensión y la indolencia).
Domingo Nofuentes Hdez. (Mayo, 2016)






jueves, 26 de mayo de 2016

Día de África 2016

Día de África, 25 de mayo de 2016

La Biblioteca ha organizado una serie de actividades para celebrar este día. Una visita  al centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta con Antonio Lozano, autor de "M
e llamo Suleimán" donde se puso en escena una versión dramática de la novela, protagonizada por  residentes del centro.
Por la tarde la proyección de la película "14 kilometros" y el encuentro del club de lectura y otros asistentes con Antonio Lozano para hablar sobre su obra. La sala infantil, también se unió a esta celebración con un cuentacuentos especial sobre África.






















Puedes ver más fotos del evento en flickr

miércoles, 16 de marzo de 2016

LA MUJER ROTA” de Simone de Beauvoir.

Por: Domingo Nofuentes Hernández


La mujer no nace, se hace”. Ésta es sin duda una frase para la Historia, una consigna más bien, que significó el principio de un nuevo y largo camino para la mujer en la sociedad contemporánea; el de la demanda de la revolución feminista. Su autora, Simone de Beauvoir, de la que el próximo día 14 de abril se cumplirán veinte años de su muerte, fue una figura esencial en la reivindicación de los derechos de la mujer en la segunda mitad del siglo pasado, y a pesar de esas dos décadas que han transcurrido desde su fallecimiento, sus ideas siguen estando ahora tan vigentes como antes. El pasado día 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer, para nuevamente reclamar que la igualdad sea ya, de una vez por todas, una realidad laboral, económica, cultural y social (ojalá no hubiese nada que celebrar, nada que reivindicar y el 8 de marzo fuese un día más…) . Y para unirnos a los múltiples actos que se han llevado a cabo por tal motivo, EL CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado “Adolfo Suarez”, programó la lectura de la obra “La mujer rota” de Simone de Beauvoir.
Para los que no les resulte conocida la figura de esta insigne mujer, someramente podemos mencionar, que Simone de Beauvoir (París, 1908-1986) fue una pensadora, filósofa y representante del movimiento existencialista francés. Estudió en la Sorbona donde conoció a Jean-Paul Sartre, que sería su pareja sentimental durante el resto de su vida, aunque nunca fueron una pareja al uso (como muy oportunamente apostilló Rosario Vicente, Coordinadora de Proyectos de DIGMUN , “al lado de toda gran mujer siempre hay un gran hombre”). En sus primeros años se dedicó a la docencia en los liceos de Marsella, Ruan y París, participando intensamente en los debates ideológicos de la época como la intelectual comprometida que era. Fue fundadora junto a Sartre, A. Camus, y M. Merleau-Ponty, entre otros, de la revista Tiempos Modernos, cuyo primer número salió a la calle el 15 de octubre de 1945 y se transformó en un referente político y cultural del pensamiento francés de mitad del siglo XX. Escribió gran cantidad de novelas y ensayos obteniendo en 1954 el Premio Goncourt por su novela “Los mandarines”. Entre sus ensayos cabe destacar “El segundo sexo”, un libro que fue tildado de subversivo cuando apareció en los años cincuenta y que resultó ser una obra capital que se convertiría en un pilar básico en la construcción de la pretendida nación feminista. En “El segundo sexo” (1949), la autora francesa lleva a cabo un profundo análisis sobre los roles que desempeñan las mujeres en la sociedad, en un intento por hacer ver y comprender , entre otras muchas cosas, que el papel de los hombres y las mujeres no está determinado de forma absoluta en todas las civilizaciones, sino que éstos varían según los pueblos y las culturas. La apuesta de Simone de Beauvoir para conseguir esa igualdad pasaba por batirse en dos frentes: concienciar a la mujer de que su papel es tan solo una construcción social imaginaria a base de tópicos y mitos creados por los hombres, y exigirle al hombre una revisión de sus perspectivas.
En “La mujer rota”, en cambio, la autora nos plantea tres relatos (La Edad de la Discreción, Monólogo y La Mujer Rota ), independientes entre sí, y con los que aborda la vida de tres mujeres, que por una u otra razón, se hallan en una encrucijada trascendental de sus vidas , donde las protagonistas se debaten entre la soledad, la desolación, la angustia, y la agonía del amor. En La Edad de la Discreción, escrita en primera persona, la protagonista es una catedrática de literatura, militante del Partido Comunista, casada con un científico, y que no se resigna a que su hijo, ya casado, dé un giro a su vida en un sentido contrario al que ella le había marcado. A través de sus ojos descubrimos la angustia que le produce la llegada de la senectud, sus temores acerca de que su matrimonio caiga en la mutua indiferencia y el modo en que percibe con perplejidad que el mundo está cambiando rápidamente a su alrededor. Al final termina reflexionando sobre si la vejez puede ser el comienzo de otras muchas cosas, no necesariamente el final, y planteándose que ha de aprender a vivir día a día, sin mirar demasiado lejos.
Monólogo es una historia corta, dura y llena de resentimiento en el que una mujer desesperada, sola y abandonada se cuestiona cómo ha llegado su vida a ese punto. Éste relato está construido como un solo párrafo, sin signos de puntuación, muy a la manera del flujo de consciencia, logrando así acentuar en el lector esa sensación de vertiginoso torbellino en el que se haya inmersa la protagonista.
La Mujer Rota, es el relato más largo de los tres y del que toma el nombre el libro. En él, Monique, a modo de diario (que comienza a escribir desconcertada por la soledad que siente ), nos hace un esbozo de su vida, una vida marcada por dejar sus estudios al casarse y enfocada única y exclusivamente a su marido e hijas. Ahora, con sus hijas ya mayores y emancipadas, retoma la escritura de ese diario, como a los veinte años, rejuvenecida por cierto sentimiento de libertad, con la intención de cultivar la “atención a la vida” y muchos proyectos en la cabeza. Pero una noche, su marido Maurice (médico de profesión) le confiesa que está viviendo una aventura con una joven, brillante y ambiciosa abogada. En ese momento su mundo se le vuelve del revés, comprobando asimismo que no ha sido ésa la única infidelidad de su marido a lo largo de estos años y evidenciando por sí misma que muchas mujeres “viven equivocadas al pensar que ciertas cosas no pueden sucederle , pero lo hacen”. Poco a poco, es consciente de que una distancia insalvable se ha instalado entre ellos dos, cayendo en una profunda desesperación que provoca que se deje definitivamente invadir por la ansiedad y el rencor. Con 44 años, sin profesión, y siendo consciente de que su vida familiar ha sido su único objetivo vital , Monique, va lentamente hundiéndose en la desilusión, atenazada por el miedo.
El debate del CLUB DE LECTURA sobre este magnifico libro se abrió con la lectura de un Manifiesto, con ocasión de la celebración del Día de la Mujer, elaborado por nuestra compañera Carmina y seguido de un espléndido y lúcido poema leído por su autora, nuestra muy querida amiga María Jesús Fuentes. Como suele ser habitual, la tertulia sirvió para ahondar mucho más en las diferentes lecturas que nos puede ofrecer esta obra, aportando cada uno de los miembros su punto de vista, lo que nos llevó inexorablemente a debatir y reflexionar sobre muchas y variadas cuestiones, tales como las connotaciones machistas del lenguaje como fiel reflejo de los condicionamientos que nos imponen los roles, o sobre las diferencias entre feminismo y la misandria o “hembrismo” (palabra construida en analogía a la palabra machismo). En lo que sí nos mostramos de acuerdo la mayoría fue en que con este libro, primorosamente escrito, Simone de Beauvoir pretende criticar tres patrones de mujer bien diferenciados; mujeres burguesas que sufren un modelo matrimonial dependiente ,que han vivido supeditadas a los demás, que a pesar de estar fuera del rango de la marginación evidente que sufren otras mujeres (como pueden ser las mujeres de la clase obrera) , también lo están, y la autora les reprocha que deben ser ellas las que verdaderamente pueden cambiar la sociedad y deben tirar del carro de la igualdad. Las protagonistas son tres casos muy concretos, pero también atemporales, sirviéndose Simone de Beauvoir de ese modo de la literatura como instrumento para explicar la realidad , una realidad muy conectada con su propia vida, pero al mismo tiempo que consiga inducir en el lector una necesidad de revisar sus propias perspectivas. Y es que en la mayoría de ocasiones, narrar, elaborar un discurso sobre la realidad, suele ser la mejor manera de cambiarla.






Domingo Nofuentes Hdez. (Marzo 2016)

lunes, 29 de febrero de 2016

Los mares del Sur” de Manuel Vázquez Montalbán.

Por: Domingo Nofuentes Hernández


Hace ya algo más de doce años que nos dejó Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939 – Bangkok, 2003), ese escritor polifacético y de personalidad casi inabarcable que en alguna ocasión llegó a definirse a sí mismo como “periodista, novelista, poeta, ensayista, antólogo, prologuista, humorista, crítico gastronómico, culé y prolífico en general”. Y como homenaje a tan descomunal figura, el Museo de Ceuta, en el Paseo del Revellín, ha albergado estos días una exposición colectiva de más de treinta artitas visuales contemporáneos españoles, en la que se ha pretendido reivindicar la figura de este magnífico escritor a través de una de sus más memorables creaciones: el detective José Carvalho Larios, Pepe Carvalho, protagonista de una saga de más de una veintena de novelas. Cada uno de los artistas de esta muestra, entre los que se encuentran Plensa, Uslé, Arroyo,Feito, Leiro, Ballester, Ciria,Moix, Genovés, Broto o Lamas, ha asumido la tarea de afrontar un título de esta saga desde su propia visión, creando obras que van desde el figurativo al abstracto, desde el dibujo a la escultura, y que consiguen acercarnos a la poliédrica y contradictoria personalidad del personaje.
Valiéndonos de tan incomparable marco, EL CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública “Adolfo Suarez”, decidió celebrar su reunión mensual en el propio Museo, para hablar de “Los mares del Sur” , Premio Planeta en 1979 y según los entendidos, la mejor novela de la serie de Carvalho. La novela da comienzo con la aparición del cadáver de un afamado hombre de negocios de Barcelona, que aparece apuñalado en uno de los arrabales más deprimidos de la ciudad. Ahí es cuando la viuda encarga a Carvalho que averigüe dónde ha estado su marido el último año, que se suponía que se encontraba en la Polinesia de viaje de placer. El detective pone en marcha sus pesquisas, ahondando en la peculiar personalidad de la víctima, sus conocidos y familiares, desentrañando finalmente qué es lo que hizo durante ese año y descubriendo a la persona que acabó con su vida. De su mano, vamos recorriendo los intensos ambientes de la ciudad de Barcelona, de la más miserable a la más lujosa y formal; de la penuria de los barrios obreros, al dinero rápido y excesivo fruto de la especulación inmobiliaria.
Como ya he comentado en alguna ocasión, no soy muy partidario de las “etiquetas literarias”, pero entiendo que sirvan a la crítica, al mercado editorial o a algún lector, a acotar los límites de la expresión narrativa, aunque solo sea por aproximación, de ahí que cuando surgió la cuestión en la reunión del Club de Lectura sobre si la obra era auténticamente novela negra, los argumentos en contra y a favor brotaron en tropel. A pesar de lo dicho, sí podríamos afirmar que “Los mares del Sur” se amolda en cierto sentido a lo que conocemos como novela negra, y lo es en cuanto que adopta parte de la lógica de la novela negra norteamericana, muy al estilo de las novelas de Raymond Chandler y Dashiell Hammett, y en que además retrata fielmente la sociedad de ese momento de nuestra historia más reciente, esa sociedad post-franquista que viene a dar paso a la incipiente transición democrática, urdiendo, con el pretexto de la trama, una feroz critica social. Ofrece asimismo, como la novela negra más genuina, una mirada más profunda a los conflictos humanos, prestando especial atención a los contextos sociales y a los matices de unos personajes llenos de dudas y contradicciones, donde el crimen a investigar pasa a un segundo plano y solo sirve como subterfugio para trasladarnos al mundo donde se desarrolla la acción; arrastrándonos en este caso, a esos barrios marginales de la periferia de Barcelona, colonizados por la emigración, paseándonos por el urbanismo salvaje y deshumanizado, y asomándonos a la impostura de la peculiar alta burguesía catalana.
Quizás por estos motivos, a algunos miembros del CLUB DE LECTURA, (no fue ese mi caso…) no les resultó una lectura gratificante y amena , y es que esta obra posiblemente pueda dejar a algunos lectores cierto regusto agrio al terminar. Se debe quizás a que el mundo que refleja Vázquez Montalbán en las novelas de esta serie es un mundo muy crudo y desalentador, muy en consonancia con su personaje protagonista. Pepe Carvalho es un hombre que está de vuelta de todo (ha vivido en Estados Unidos y trabajado para la CIA…), es un cínico y un descreído convencido, un tipo duro, lacónico y solitario, a pesar de lo cual es extremadamente culto y apasionado gourmet, y con una perversa afición por alimentar su chimenea a base de libros de su abultada biblioteca. Resulta pues un personaje fascinante y absolutamente contradictorio al mismo tiempo. Su contrapunto es su fiel escudero Biscuter , antiguo compañero de la cárcel que hace las veces de secretario, cocinero y chico para todo, una especie de Watson, para este detective desengañado y ácrata.
Pero a pesar de todo, denominar las novelas de Pepe Carvalho como novela negra es desde mi punto de vista limitar demasiado sus posibilidades como obra literaria. A mi modo de ver, la novela, como artefacto artístico, ha de ser una comunión perfecta entre fondo y forma, además de poder permitir varios niveles de lectura, y en este sentido, la escritura de Vázquez Montalbán cumple a la perfección su cometido.
Con ese entramado de novela negra el autor nos lleva sutilmente a esos difíciles años de la transición, colmando el texto de referencias culturales de la época, presentándonos a los personajes no solo a través de su lenguaje (utiliza como nadie las jergas callejeras de esos tiempos), lo que da una sólida textura al texto, sino que se sirve con maestría de las preferencias culinarias de cada uno de ellos para mostrar al lector rasgos determinantes de su carácter (la escena en la que Beser, Fuster y Carvalho discuten sobre la paella valenciana es simplemente memorable), recurriendo a la gastronomía incluso para trazar un esbozo de la alta sociedad barcelonesa de la época.
Es en esa vocación multidimensional de la novela donde también encontramos numerosas referencias literarias, desde la literatura más intelectual de T.S. Eliot, del premio Nobel Salvatore Quasimodo, o de Cesare Pavese, a la más popular de las canciones populares valencianas; sin poder dejar de mencionar el congreso de novela negra al que acude Carvalho y el modo en que se burla y satiriza el autor la vana pedantería de dos de los participantes que allí se encuentra.
Es por todo eso y mucho más, por lo que nos encontramos ante una gran novela, una novela con mayúsculas, con su propia visión del mundo y de la vida, por lo que no podría mostrarme más de acuerdo con el escritor Juan Madrid, cuando asegura, prologando esta novela, que “la serie Carvalho […] es una serie mayor en la historia de la literatura contemporánea en lengua española”.
Como diría el propio Vázquez Montalbán, estas novelas son novelas a secas y como tales deberían de ser leídas y disfrutadas, dejando a un lado nuestros propios juicios de valor preconcebidos que lo único que consiguen es limitar nuestra visión sobre la obra artística que tenemos delante.



Domingo Nofuentes Hdez. (Febrero 2016)



lunes, 8 de febrero de 2016

RETORNO A BRIDESHEAD” de Evelyn Waugh

Por: Domingo Nofuentes Hernández.

"La memoria es el perro más tonto, le tiras un palo y te devuelve cualquier cosa". Ese rotundo alegato lo ponía en boca de uno de sus personajes el escritor Ray Loriga en su novela “Tokio ya no nos quiere”, y es que según confirman algunos estudios científicos, nuestro cerebro no es ni de cerca, un notario incuestionable de la realidad, sino que, como el perro tonto y descuidado que es, recupera y nos hace ver lo que le viene en gana.
Según parece, cuando nos asalta la nostalgia, lo que solemos recordar es un pasado idealizado, una combinación de muchos recuerdos diferentes, todos integrados de forma inconsciente, y susceptibles de ser continuamente modificados bajo el inapelable influjo de nuestras expectativas, deseos, estereotipos, prejuicios y valores morales, hasta el punto que llenamos los huecos, redondeamos las aristas y a menudo hacemos que parezca lógico lo que no lo es.
Y eso es, a mi juicio, precisamente lo que parece sucederle al protagonista de la novela propuesta para ser comentada este mes en el CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado en Ceuta. "Retorno a Brideshead" de Evelyn Waugh ( Londres, 1903 – Somerset, 1966 ), comienza concediendo audiencia a los recuerdos del Charles Ryder, un pintor que en esos momentos presta servicio como Oficial en el Ejército Británico en plena Segunda Guerra Mundial y que a su llegada a la enorme mansión de Brideshead, que ahora sirve de campamento a los soldados, comienza a evocar su pasado, cuando conoció a la peculiar familia Marchmain. Esas vivencias han dejado una huella imborrable en Charles, que comienza a recordar los buenos momentos que pasó allí, los años en que vivió casi poseído por el extraño hechizo que indujeron en él las personas que en ese lugar conoció, especialmente Sebastian y su hermana Julia. De ese modo, el autor, utiliza los recuerdos como motor narrativo para sustentar y propulsar el relato, arreglándoselas maravillosamente para ir esbozando ante nuestros ojos un extraordinario fresco sobre la decadente sociedad aristocrática inglesa de principios del siglo XX, repleta de convencionalismos sociales y donde las formas son todo.
La obra se halla dividida en un Prefacio, donde el autor hace una breve mención sobre las circunstancias en las que escribió la novela, seguido de un Prólogo y de tres Libros (“Et in Arcadia ego”, “Adiós a Brideshead” y “Tirando del hilo”) , concluyendo con un Epílogo llamado "Retorno a Brideshead" de donde toma nombre la obra.
A través de ese ejercicio de nostalgia que realiza el protagonista, somos testigos de su llegada a un exclusivo College en Oxford y de cómo conoce casualmente al encantador Sebastian Flyte, hijo de Lord Marchmain y con el que pronto entablará una profunda y romántica amistad que le abre las puertas de la alta sociedad británica de la época. Conoce así a los Flyte de Brideshead, una familia desestructurada y fruto de un matrimonio fallido (Lord Marchmain tras luchar en la I Guerra Mundial decide quedarse a vivir en Venecia con su amante y no volver a Brideshead con su familia), que en un principio lo acogen como un miembro más de la familia, hasta que el ferviente catolicismo y la personalidad manipuladora y obsesiva de Lady Marchmain hace que Charles se aleje brusca y definitivamente de ellos y que Sebastian, al principio alegre y fascinante, termine por caer en un alcoholismo contumaz y suicida.
En la segunda parte de la novela, con Lady Marchmain ya fallecida y Sebastian hundido en el alcohol y viviendo en Marruecos, volvemos a encontrarnos con Charles, diez años después, casado y disfrutando de cierta notoriedad como pintor. Durante una travesía en barco se vuelve a encontrar con Julia, también casada con un hombre de negocios, naciendo entonces entre ellos un pasional idilio que los conducirá a abandonar a sus respectivos cónyuges y llevará a ambos de vuelta a Brideshead, donde encuentran a un Lord Marchmain que ha vuelto allí para morir …y hasta ahí puedo leer, como diría aquel.
Esta novela, según consta en la reseña de la editorial, está incluida entre las 100 mejores novelas en habla inglesa de todos los tiempos, lo que tampoco es de extrañar, ya que está técnicamente muy bien escrita, a la manera de esa virtuosa narrativa inglesa tan devota del adjetivo preciso y de las grandiosas y elaboradas descripciones. A pesar de que a algunos de los miembros del Club de Lectura, nos ha parecido que ciertos personajes resultan algo planos, lineales y bastante arquetípicos, lo cierto es que cumplen a la perfección la función para la que fueron creados por el autor, que incluso se sirve sin subterfugios de alguno de ellos para expresar sus propias ideas acerca de la religión.
Otro personaje principal, que a pesar de no tener voz propia siempre está presente, es la mansión de Brideshead, que como alguno de los miembros del Club de Lectura llegó a dilucidar, es una enorme casa-castillo que simboliza claramente a la Iglesia como institución.
Como las grandes novelas, en ésta también podemos detectar a primera vista que trata abundantes e importantes temas; algunos sobre los que continuamente orbita la obra, como el catolicismo y la culpa, o la decadente despreocupación e hipocresía en la que vive inmersa la alta sociedad británica de entreguerras, y otros tantos, que transitan por la novela de una forma más transversal y sutil, como el tema de la homosexualidad, la falta de amor (el protagonista es un vivo ejemplo de ello), el matrimonio, la amistad, la búsqueda de la felicidad, etc.
Mención aparte a destacar en esta novela es tambien el punto de vista narrativo que ha escogido el autor para contarnos la historia. A pesar de que nos la cuenta desde la perspectiva íntima de Charles y desde la distancia que impone el pasado, se las ingenia a la perfección para ofrecernos continuamente los diferentes puntos de vista que corresponden a los personajes principales (Sebastian, Julia, Cordelia…), aportando así más empaque a los hechos que conforman la ficción, aunque en alguna ocasión se vea obligado a recurrir a la intervención de diálogos o advenimientos epistolares para desarrollar algo más la acción.
A pesar de ser una novela impregnada de un aire nostálgico de principio a fin, de ser una continua añoranza del pasado, es a mi modo de ver, una novela del todo indispensable, sobretodo para aquellos que sean adeptos al esplendoroso romanticismo y la fascinante ambientación de las novelas inglesas de mediados del siglo pasado.
En lo que a mí respecta y llevando la contraria a lo que promulga el protagonista de “Retorno a Brideshead” , siempre he creído que ningún tiempo pasado fue mejor, aunque a veces, se empeñe en llevarnos la contraria nuestra tozuda y desleal memoria.




(Domingo Nofuentes Hernández - febrero de 2016)


viernes, 27 de noviembre de 2015

“CREMATORIO” de Rafael Chirbes. Por Domingo Nofuentes Hernández

CREMATORIO” de Rafael Chirbes.
Por: Domingo Nofuentes Hernández

Es un hecho contrastado que en los últimos tiempos ha habido un retroceso generalizado del intelecto y del sentido común, de lo que no solo dan fe las sucesivas temporadas de Gran Hermano, o la tontuna parvularia de algunas de las nuevas redes sociales, sino que trasciende también, y más a menudo de lo que sería conveniente, al mundo de la literatura.
Con este estado de las cosas y del mundo, es desde cualquier punto de vista entendible que proliferen los best-sellers erótico-festivos, y las obras diseñadas para únicamente entretener al respetable, de escasa complejidad y de discurso fácilmente digerible, cuyo último y único fin es vender libros (por supuesto…) y tratar que el lector se evada, sin mucho esfuerzo por su parte, de la prosaica realidad que nos rodea. Aunque como se suele decir, para gustos los colores (no seré yo quien les afee la conducta).
En cambio, hay otro tipo de literatura, que sin abandonar su indudable ambición estética y su firme compromiso con el lenguaje, sí que se atreve a explorar el inconsciente ideológico de una época y unos personajes, permitiéndose hurgar en las heridas que ha ido dejando la transformación de la sociedad moderna a su paso. Claro que quizás, disfrutemos menos de ese tipo de lecturas, que suelen resultarnos más agrias y desasosegantes, ya que requieren una mayor implicación del lector. Pero a la postre son éstas las que intervienen de manera decisiva en nuestra propia configuración como personas, las que dejan un perentorio poso que influye definitivamente en nuestra manera de ver e interpretar el mundo que nos rodea.
Y una de estas es sin duda “Crematorio” de Rafael Chirbes (Anagrama), Premio de la Crítica , Premio Cálamo y en esta ocasión la obra propuesta para ser comentada por el CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado “Adolfo Suárez”.
La novela orbita entorno al personaje de Rubén Bertomeu, un arquitecto y constructor de éxito, que se enriqueció con el tráfico de drogas y el blanqueo de sus negocios gracias al boom inmobiliario, alrededor del cual, se va tejiendo la trama en la que están inmersos el resto de personajes: su idealista hermano Matias; su hija Silvia y su yerno Juan, restauradora de arte y frustrada artista ella y catedrático de literatura él; un escritor consumido por la droga, el alcohol y el sexo llamado Brouard, amigo de la infancia de Ruben; un mafioso ruso; los dos lugartenientes de Bertomeu, chicos para todo y manos ejecutoras en la sombra de los desmanes criminales del constructor…etc.
La historia se localiza en Misent, una suerte de Macondo en la costa levantina, y comienza y acaba con la rememoración de Rubén, que en primera persona se dirige a su hermano Matias, recien fallecido y del que se va a celebrar el funeral. A partir de ahí, el autor construye la novela a base de tiradas de una prosa caudalosa, como si hubiese escrito toda la novela de una sentada, con bloques de texto repletos de digresiones, de idas y venidas , dirigidas a menudo por un narrador omnisciente (oscila de la primera a la tercera persona) que siempre adopta la visión del protagonista de cada capítulo y a través de cuyos recuerdos y pensamientos el lector va construyendo el puzzle de la trama, mientras te lleva de la mano por la historia . En esta novela Chirbes ha perfeccionado esa narración continuada, libre de diálogos, con muy pocos puntos y aparte, a modo de discursos cerebrales, (que a algunos nos trajo a la memoria obras como Juanita Narboni o Cinco horas con Mario) que te envuelve en los diferentes pensamientos y enfoques de los personajes, acercándonos a cada una de sus perspectivas y de boca de ellos mismos. Así, de ese modo y poco a poco, el autor va construyendo con la propia tensión del lenguaje una pleamar, un crescendo, que nos va llevando hasta el final sumergidos en su prosa (… o más bien siendo arrastrados por ella).
Como se ha comentado en la reunión del CLUB DE LECTURA, aquí se advierte de primera mano la intención de Rafael Chirbes de concebir la novela como un todo, como una frase que empieza en la primera página y termina en la última, tratando cada capitulo como una estrofa y cada frase como un verso (algunas de una belleza y una lucidez portentosas), impulsando la prosa con el ritmo de la puntuación, sin apenas dar tregua, tratando de atrapar al lector en un torbellino del que no pueda salir. Y en cierto modo, se sale con la suya: no puedes dejar esa frase porque viene otra a continuación, y después otra, y otra más.
Si a eso le añadimos el vocabulario realista y cercano que utiliza para situarnos perfectamente en cada una de las perspectivas a la que nos llevan los personajes, tendremos una novela sublime, aunque en ocasiones desoladora e inquietante. La realidad que nos presenta el autor es un testamento poco complaciente de la época del pelotazo inmobiliario, un descarnado panorama de los últimos años y de la sociedad en que vivimos, quizás algo pesimista, ya que nos muestras unos personajes egoístas, corruptos, vengativos, vacíos, superficiales, infieles y sobre los que no cabe redención alguna, pero que en definitiva impulsa al lector a pensar y a posicionarse.
Sin embargo el verdadero tema central de la novela, a mi modo de ver, no es la denuncia social, ni la crítica feroz a la corrupción política e inmobiliaria (ese sería mas bien su trasfondo temático), sino el de aportar una visión sombría y desalentadora de la condición humana, un punto de vista descreído y cínico de las contradicciones y complejidades del ser humano. A través de sus páginas llega a nosotros un lúcido esbozo del atlas humano del colapso moral, social y económico en que nos hemos visto sumidos en los últimos tiempos, pero también algunas de las más profundas reflexiones que he podido leer últimamente sobre la amistad, el arte, el paso del tiempo, la creación literaria, la soledad, la familia…así como un largo etcétera de cuestiones, más habituales de libros de filosofía que de ser vistos en una novela. Y el autor lo lleva a cabo , huyendo de la trama lineal al uso , sin enarbolar banderas ideológicas, sin aleccionadoras moralinas, ni establecer juicios de valor sobre sus personajes, sosteniendo el texto con el único andamiaje del lenguaje. Es en definitiva una obra de enorme calidad literaria, aunque dura, exigente para el lector y que deja un cierto regusto amargo.
Pero, si se conoce aunque sea someramente la peculiar personalidad de Rafael Chirbes ( que falleció el pasado mes de agosto víctima de un cáncer de pulmón) no queda más remedio que reconocer su impronta en cada línea, o en cada cruda opinión de los personajes. A tenor de los que mejor lo conocían, Rafael Chirbes fue siempre un hombre indómito, inconformista, muy crítico con el mundo, aunque sensible, humilde y pesimista por convicción. También su biografía estuvo marcada por estas premisas. Nacido en Tavernes de la Valldigna (Valencia) hace 66 años, Rafael Chirbes era huérfano de padre y creció separado de su madre, que tenía que ganarse la vida trabajando en la ciudad. Así, el escritor pasó gran parte de su niñez de internado en internado, en colegios de hijos de ferroviarios de Ávila, León y Salamanca. Probablemente, en ese punto comenzó a amoldarse a la existencia solitaria que luego se convertiría en su modus vivendi. Al escritor valenciano no le gustaba casarse con nadie, ni en lo literal ni en lo metafórico. Murió soltero y sin hijos. Los reconocimientos le llegaron al final de su vida e inevitablemente acompañados de una atención mediática que le turbaba , por lo que evitaba en la medida de lo posible las entrevistas y las apariciones en público. No es de extrañar, por tanto, que concibiera esta novela de descarnada clarividencia, más que necesaria en este tiempo de levedad, frivolidades y desmemoria:
Hace milenios que se destruye esta tierra. No queda ni un rincón que no haya sido violado. Mira aquí mismo, dentro de Misent. No hay más que leer los periódicos. Durante una obra, destruyen una villa romana, destruyen un hamán almohade, una muralla califal, han destruido media docena de funduks (al parecer, dicen los periódicos, ésta fue una ciudad comercial del siglo XII: contactos con Alejandría, Túnez, con Sicilia). Eso dicen los periódicos que hacemos los constructores”.